NIYIGENA Y ANASTASIO

Niyigena y Anastasio

Niyigena es uno de los 240 niños que van al comedor. Debido a que son muchos y que continuamente se encuentran entrando y saliendo (tienen que ir a la escuela, se van a sus casas, etc.) no nos sabemos los nombres de todos ni sus historias. Pero siempre que vamos volvemos con la historia de un niño nuevo, cargada de situaciones difíciles que lo acompañan.

Niyigena es otro de muchos. Un día, uno de los voluntarios se fijó especialmente en él porque tenía grandes heridas en los pies, pero también, lo que más llamaba la atención en este niño era su rostro, una cara de tristeza profunda que siempre lo acompañaba.

Cuando fuimos a visitar su casa nos encontramos con una madre ciega y su hermano menor, Anastasio, que no podía levantarse. Por más que intentábamos levantar a su hermano no lograba tenerse en pie, supusimos que tendría algún tipo de invalidez. Al llegar DSC_0443allí y ver esa situación tan difícil no pudimos ocultar nuestro asombro y tristeza, descubriendo que dos personas dependían de un niño de 8 años. Un niño que debería estar feliz jugando con sus amigos y yendo a la escuela y que, sin embargo, portaba una gran carga a sus espaldas.

Al día siguiente, fuimos a hablar con Mado (la directora de allí) y le propusimos que Niyigena trajera a su hermano todos los días al comedor para que así pudiera comer todos los días. Entonces él, con su hermano a sus espaldas bajaba todos los días la montaña donde estaba su casa haciendo un camino de al menos una hora. Descubrimos que los niños se turnaban para cargar con el hermano de Niyigena y, así él, no tuviera que llevarlo todo el tiempo.

Sin ser conscientes, añadimos a Niyigena una carga más, y cada día que pasaba lo veíamos un poco más triste y cansado. Se nos ocurrió que, en lugar de que él trajera a su hermano, le llevara la comida todos los días a su casa. Pero él dijo que no, que prefería llevar a su hermano a Museke para que pudiera jugar con otros niños y salir de su casa.

La historia comienza a mejorar cuando la madre va al médico a petición de Museke y descubren que lo que le impedía ver eran unas simples cataratas. Se opera y descubre emocionada que puede ver; tras años de oscuridad, por fin se ha encendido la luz.

En cuanto a Anastasio, tras una semana yendo al comedor todos los días y alimentándose, descubrimos que no tenía ningún tipo de invalidez, que era desnutrición lo que le provocaba la incapacidad para andar. A las dos semanas ya corría felizmente por el patio de Museke con los demás, con una sonrisa que le iluminaba el rostro.

Hoy, viven los tres en una casa que le ha construido Museke, su madre está muy bien tras la intervención y Anastisio y Niyigena van a comer todos los días a Museke y a disfrutar de la gran familia que se encuentran al llegar allí.

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