Museke, museke, uh, uh, uh, uh

agosto 8th 2018

Mi viaje a Rwanda llega como llegan esos sueños / anhelos que habitan en mí, que deseo con toda intensidad y los cuales esperan el momento oportuno para ser vividos / vivenciados.

  • Agradezco al Universo, a Ágata y a mi amiga Esther su alineación. ¡Sin ellas, no hubiera sido posible!
  • Agradezco a Carmen Gil (presidenta de la Asociación Museke) la confianza depositada en mí -siendo aún desconocida para ella-, su motivación y creencia en la posibilidad de que SÍ ES POSIBLE avanzar, mejorar, crecer, ayudar, etc. a África, su don para dinamizar al grupo y su optimismo y buen talante en todo momento.
  • Gracias también a Mado, a Dorosela, a Placide, Bienvenú, Josefine, etc. (los/as trabajadores/as de Museke) por el amor incondicional y su inmejorable y cariñoso trato a los/as menores.
  • Doy gracias por la flexibilidad ante la sugerencia de poder ir en fecha posterior a la propuesta.

¡A Rwanda iba a enamorarme y volví enamorada a España!

Me enamoré del país (de sus grandezas y sus  alternativas a la nada), de los caminos serpenteando las colinas, de sus Murugos (casas hechas de ladrillos de barro secados al sol), de mis niños y niñas de Nemba, de sonrisas concretas y miradas concretas, de gestos y detalles sin condiciones, de su dialecto y de sus palabras  (Amakuro, Maramuse, Amazi, Agapiriso, Agachupa, Agatenesi, etc.), de la importancia de saludar en todo momento, del valor del contacto, de los besos occidentales que recibían y daban con tanto gusto, de los abrazos, de las frases en castellano repetidas por los/as más pequeños, del miedo de éstos/as a los muzungus (hombre blanco).

Tuve desasosiego ante la alta densidad de población, ante la inexistencia de más terreno para sembrar cuando no se usan medios anticonceptivos y la población continúa creciendo, ante la imposibilidad de hacer barbecho por la urgencia de alimentar a los/as que ya son / están, ante la siembra de eucalipto como árbol de crecimiento rápido cuya finalidad es tener materia prima para poder cocinar, a pesar de la desventaja que trae consigo de inutilizar el terreno bajo sus copas y colindante, ante la necesidad de tener animales por el principal motivo de generar estiércol para el huerto, etc.

No eché de menos nada de España, la comida aquí me estuvo exquisita, no eché de menos a mi familia (podía informarles de que todo iba bien en cada momento), me acordaba de mi perra pero sin añoranza. Me libré por 24 días de los tormentos que ciegan mi cabeza cuando vuelvo a “mi realidad”

Vi, me conmoví  y valoré muy positivamente la labor que se hace desde la Asociación Museke (Sonrisa, en Kinyarwanda) y la firme creencia de que se cumplen los sueños a pesar de un futuro  agorero. ¡Lo vi, lo creí y os cuento!

  • Es posible priorizar necesidades básicas e ir cubriéndolas poco a poco (inanición, mantas y ropa para combatir el frío, enfermedades, casas sin techo, con techo con goteras, casas con letrinas en malas condiciones, atención sanitario, situaciones de urgencia, etc.)
  • Es posible dar de comer a 220 niños/as diariamente de lunes a viernes e incrementar en un desayuno a cada uno de ellos esos mismos días.
  • Es posible atender a menores con riesgos especiales (albinismo, portadores/as del V. I. H., etc.) en pro de una mayor calidad de vida.
  • Es posible que chicas jóvenes se formen en el Taller de Costura, con vistas a un futuro laboral como modistas.
  • Es posible que chicos jóvenes afanados en la carpintería, motivados lleguen a ser carpinteros.
  • Es posible que chicos/as de Museke vayan a la Universidad.
  • Es posible que trabajadores/as y chicos/as aprendan idiomas, sorprendentemente, a través de Skype.

Y el pensamiento es sencillo y fácil, todo ésto y muchas cosas más, son posibles cuando hay gente detrás que cree que ES POSIBLE. Y aquí están los y las socias que, mensualmente, contribuyen económicamente con la Asociación Museke, las madrinas y los padrinos de los niños y niñas, los y las voluntarios/as con su labor y sus aportaciones económicas, educativas, formativas, de atención directa con el/la menor, aquellos/as que contribuyen cuándo y cómo pueden (difundiendo, vendiendo telas, asistiendo a los eventos, aportando ropa, mantas)

Gracias muy encarecidamente a Jackson, Dukundimana, Cristina, Ernest, Kerematina, Gatete, Alfonsina, Omega, Jackeline, Dukundane, Bienvenú, Olivier, Serge, Ballentine y un sinfín de niños/as más, de la asociación o no, por la felicidad en sus caras, el cuidado comunitario y, muy especialmente, por hacerme consciente de que creyendo que era yo quien daba, era yo quien recibía.

 

María del Rocío Escobar – Voluntaria en Museke

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